Disciplina Positiva

Dimensiones del temperamento

1. El nivel de actividad

Algunos niños/as son muy activos, quieren correr, saltar y trepar la mayor parte del tiempo. Casi nunca están quietos, ni siquiera durante la comida. Parecen estar siempre en movimiento.

Otros prefieren las actividades tranquilas, como buscar cosas en libros, o jugar con puzzles durante largos períodos de tiempo.

Existe otro grupo cuyo nivel de actividad es más o menos intermedio.

2. Regularidad

Algunos niños/as tienen ritmos previsibles. Tienen hambre a intervalos regulares y se despiertan, se van a dormir, y van al baño a la misma hora siempre.

Otros, tienen ritmos cambiantes. Pueden tener hambre a mediodía un día y no tener hambre a la misma hora el siguiente. Podrían despertar muy temprano el lunes, pero dormirse tarde el martes.

Otros niños/as tienen ritmos que se encuentran en algún lugar intermedio.

3. Respuesta a las nuevas situaciones

Algunos niños/as enfrentan bien las nuevas situaciones. Sonríen a los extraños, se juntan con nuevos grupos de niños, hacen nuevos amigos con facilidad, están dispuestos a probar alimentos nuevos, y disfrutan de nuevos lugares.

Otros, repelen situaciones nuevas. Se alejan de extraños, tardan mucho tiempo en unirse a los nuevos grupos, escupen los nuevos alimentos, y dudan, o evitan ir a lugares desconocidos.

Un tercer grupo responde a nuevas situaciones de forma intermedia.

4. Adaptabilidad

Algunos niños/as se adaptan rápidamente a nuevas rutinas, lugares, personas y alimentos. Les puede tomar un día o dos para ajustarse a la nueva rutina, vivir en una nueva casa o incorporarse a otra escuela.

Otros, se ajustan lentamente. Podría llevarles meses adoptar amigos en un nuevo barrio, o sentirse cómodos en una nueva escuela, o seguir un nuevo calendario.

La adaptabilidad de otros niños/as se sitúa en algún punto intermedio.

5. Distractibilidad

Algunos niños/as se distraen fácilmente. Pasan de una cosa a la próxima, en función de lo que suceda, vean u oigan.

Les toma mucho tiempo finalizar las tareas, porque su atención es constantemente requerida en diferentes direcciones. Pero cuando están tristes, decepcionados, es fácil trasladar su atención a otra cosa y así mejorar su estado de ánimo.

Otros niños/as no se distraen fácilmente. Ellos permanecerán sentados, leerán o dibujarán por largos períodos. Y cuando tienen hambre o están tristes, es muy difícil hacerlos cambiar de estado de ánimo.

La distracción de otros niños/as se sitúa en algún punto intermedio.

6. Persistencia

Algunos niños/as son muy persistentes, se meten en una tarea difícil hasta que la concluyen. Tienen un objetivo en mente y continuarán hasta conseguir lo que se proponen. No se rinden ante el fracaso. Pero no es nada fácil convencerlos de dejar de hacer las cosas que se han propuesto.

Otros, son menos persistentes. Si se caen, dejarán de escalar. Si no tienen éxito en la solución de un rompecabezas, rápidamente perderán interés. Y es relativamente fácil convencerlos de que dejen de hacer cosas que no queremos que hagan.

La persistencia de otros niños se sitúa en algún punto intermedio.

7. Intensidad

Algunos niños/as tienen respuestas muy intensas a eventos o situaciones. Si tienen dificultad con un rompecabezas, gritarán y arrojarán los pedazos. Muestran ira y tristeza fuertes, pero también demuestran la felicidad intensamente. Lloran desconsoladamente cuando están tristes y ríen a carcajadas cuando son felices. Siempre sabrás cómo se sienten estos niños/as.

Otros, tienen reacciones moderadas. Cuando están tristes por dentro, lloran silenciosamente. Cuando están felices, sonríen en silencio. Es difícil para un adulto saber cómo se sienten estos niños/as.

La intensidad de otros niños/as se sitúa en algún punto intermedio.

Califica a tu hijo/a en cada una de las 7 dimensiones de temperamento: nivel de actividad, regularidad, respuesta a nuevas situaciones, adaptabilidad, distractibilidad, persistencia e intensidad. Usa una escala del 1 al 4 para cada dimensión.

Reflexiona sobre el temperamento de tu hijo/a.

El temperamento tiene una poderosa influencia en la disposición para la escuela. Algunos niños/as encontrarán el nuevo entorno interesante y emocionante, se adaptarán rápidamente a las nuevas rutinas, y disfrutarán de los nuevos amigos.

Otros encontrarán el ambiente estresante, les tomará mucho tiempo adaptarse a las nuevas rutinas, y tendrán dificultades para hacer amigos.

Es importante que los padres reconozcan el temperamento de sus hijos/as y respeten su individualidad.

No es posible convertir un niño/a activo en uno inactivo, o hacer que uno poco persistente se convierta en uno muy persistente.

Pero podemos identificar las fortalezas de cada niño/a y construir sobre esas fortalezas.

Podemos también identificar los problemas particulares de cada niño y crear un entorno que permita a cada niño/a prosperar.

No solamente el temperamento de un niño/a afecta el comportamiento de padres y madres. También el temperamento de ellos incide en el comportamiento de tu hijo/a.

Las relaciones entre padres e hijos se ven afectadas por la combinación entre el temperamento del niño y el temperamento del padre.

Piensa en un padre o madre que no sean muy activos. Les gusta permanecer en casa, leer en silencio y escuchar música suave.

Ahora piensa en lo que podría suceder si este padre tiene un hijo con un alto nivel de actividad. ¿Qué pasaría si a ese niño/a se le mantiene dentro de casa y se espera que esté sentado tranquilamente?

Si este padre o madre reconoce que su hijo/a tiene un mayor nivel de actividad que el suyo, será capaz de ajustar sus expectativas y encontrar la forma de satisfacer las necesidades de actividad de su hijo/a. Si no se da cuenta de que el comportamiento de su hijo/a se debe a su temperamento, puede llegar a pensar que es “malo”.

Es muy importante que los padres y madres reflexionen sobre su propio temperamento y consideren qué tan bien coinciden con el de sus hijos/as. Teniendo esto en cuenta, nos puede ayudar a comprender las razones de muchos conflictos de familia.

Califícate a ti mismo/a en cada una de las siete dimensiones de temperamento: nivel de actividad, regularidad, respuesta a nuevas situaciones, adaptabilidad, distractibilidad, persistencia e intensidad. Usa una escala del 1 al 4 para cada dimensión.

Reflexiona sobre tu propio temperamento.

Comparación entre las puntuaciones de temperamento de tu hijo/a y las tuyas.

La interacción entre tu temperamento y el de tu hijo/a puede tener un poderoso efecto sobre tu relación. Al reconocer el papel del temperamento en el comportamiento de tu hijo/a y del tuyo propio, se empiezan a entender las razones detrás de muchos de los conflictos que surgen.

También se puede entender por qué golpear y dar gritos no ayuda.

Tu hijo/a es una persona, tal como lo eres tú. Su temperamento no puede ser modificado ni tampoco el tuyo.

Cuando ambos no coinciden, se deben buscar formas de solucionar la diferencia, sin disputas ni peleas. Puedes encontrar la manera de respetar las diferencias y trabajarlas para que funcione la relación.

Durante los primeros años escolares, las relaciones sociales de los niños/as se hacen cada vez más importantes. Su progresivo interés en la amistad es un signo de su creciente independencia.

El mundo de tu hijo/a está en expansión. Está aprendiendo más sobre cómo piensan los otros, lo que creen, y cómo se comportan.

A veces, los padres sienten que pueden estar perdiendo el control de sus niños/as en esta etapa. Se preocupan sobre todo de las nuevas influencias a que ellos están expuestos.

Pero esta es una parte importante y necesaria de su desarrollo. Durante esta etapa aprenderán mucho sobre otras personas. Y aún más, sobre sí mismos.

En esta etapa los niños/as se ven enfrentados a situaciones complicadas por primera vez. Tiene que resolver dilemas como:

  • Solucionar conflictos con otros niños
  • Comunicarse con otros, aunque les desagrade
  • Defenderse solos
  • Defender a otros
  • Enfrentarse a chicos agresivos, matones, “bullies”
  • Ser leales, aún cuando sea difícil
  • Ser gentiles, aún cuando otros no lo sean

Todas las habilidades y la confianza que tu hijo/a haya adquirido en las etapas anteriores, serán una fuerte base para enfrentar estos nuevos desafíos.

Los niños/as que se ven a sí mismos como considerados y capaces, es más probable que tomen buenas decisiones.

Los hijos/as que se consideran comprendidos y aceptados por sus padres y madres, es más probable que se dirijan a ellos en busca de consejo y ayuda.

Los niños/as que han visto a sus padres y madres manejar situaciones de conflicto, rabia y estrés sin agresión ni violencia, es más probable que resuelvan sus propios conflictos de buena manera.

Los niños/as que aprendieron de sus padres y madres cómo escuchar, comunicarse y tratar a otros con respeto, tratarán a sus iguales y a sus profesores de la misma forma.

Todo lo que hiciste en los años preparatorios para establecer una relación fuerte y de confianza con tu hijo/a, le dará la fortaleza para enfrentar situaciones difíciles.

Para un niño/a, entender todas las piezas complicadas de una relación es un gran desafío. Es un completo novato en la materia. Seguramente va a cometer faltas, porque no entiende todo lo que los adultos entendemos.

Pero según vaya intentando, fracasando y teniendo éxito, aprenderá muchísimo acerca de los otros y de sí mismo.

Su empatía por los otros se acrecentará. Y la comprensión de sus propias creencias y valores crecerá más y más.

La tarea más importante de los padres y madres en esta etapa es apoyar y guiar a sus hijos. Ellos/as nos ven espontáneamente como sus modelos y guías.

Tenemos que ser las personas que queremos que nuestros hijos lleguen a ser.

Como sus primeros y más importantes profesores, podemos demostrarles, mediante nuestro propio comportamiento, a:

  • Respetar los derechos ajenos
  • Mostrarse amables
  • Ayudar a otros
  • Comprender cuando han herido a otro
  • Corregir sus propias faltas
  • Pedir disculpas de verdad
  • Ser leales
  • Comportarse con integridad

Esta etapa es importantísima porque es el puente entre la infancia y la adolescencia.

Podemos construir sobre los fundamentos que hemos creado en los años previos. Y podemos preestablecer la etapa de la toma independiente de decisiones del adolescente.