1 a 2 años
¡Esta es una época de cambios asombrosos! Durante esta etapa, tu hijo/a comenzará a caminar y sufrirá una “explosión de lenguaje”.
El caminar lo cambia todo. Ahora tu hijo/a puede ir donde él quiere. Puede alcanzar cosas que antes no pudo.
El bebé está muy emocionado con su nueva independencia. Le encanta explorar cada esquina, tocarlo todo, saborear todo.
Esta exploración es el viaje de descubrimientos de tu hijo/a. Es la forma en que aprende acerca de este fascinante mundo.
Todos los niños/as necesitan explorar, tocar y saborear. Es absolutamente necesario para su desarrollo cerebral.
Cuando explora, tu hijo/a es un científico. Va a hacer experimentos para saber qué objetos hacen ruido, cuáles se caen, cuáles flotan. Estos experimentos le enseñan acerca de los objetos en su mundo.
Por ejemplo, dejará caer un juguete una y otra y otra vez. No lo hace por molestarte. Lo que hace es tratar de comprender lo que es “caer”.
El meterá las manos en su alimento para descubrir su textura. Se meterá juguetes en la boca para descubrir su sabor. Escupirá su comida para saber cómo se siente.
Ninguno de estos comportamientos es “malo”. Es tarea de tu hijo/a en esta etapa descubrir su mundo. El/a es un explorador/a.
Es tarea de los padres y madres asegurarse de que el mundo es seguro para la exploración. Si tu hijo/a puede hacerla con seguridad, va a aprender mucho con gran rapidez. También aprenderá que su mundo es un lugar seguro.
Con todos esos experimentos, tu hijo/a conocerá una impresionante cantidad de nuevas palabras y muy rápidamente. Va a querer saber el nombre de todo lo que ve.
Esta es una oportunidad maravillosa para dar a los hijos/as un rico vocabulario e infundirles el amor por las palabras. Es importante:
- Hablar con él/ella
- Leerle
- Escucharle
- Responder a sus preguntas
Durante esta fase, tu tarea es fomentar la independencia de tu hijo/a.
El necesita saber que vas a respetar la necesidad de independencia y que apoyarás su fuerte deseo de aprender.
La necesidad de independencia de tu hijo/a podría dar lugar a algunos conflictos contigo.
En esta etapa, los niños/as empiezan a decir “¡no!”. Cuando un niño/a dice, “¡no!”, no significa que está siendo desobediente o desafiante, sino que está tratando de decirle cómo se siente.
Aunque los niños/as conocen los nombres de muchos objetos, aún no saben el nombre de los sentimientos. Es muy difícil para ellos explicar sus sentimientos.
Cuando un niño/a dice “¡no!” podría estar tratando de decir:
- “No me gusta eso”
- “No quiero dejarlo”
- “Yo quiero eso”
- “Yo quiero elegir mi propia ropa”
- “Estoy frustrado/a”
Tampoco saben cómo se sienten las otras personas. Si no pueden hablar de sus propios sentimientos, por cierto que tampoco pueden nombrar los de los otros.
Cuando estás cansado y necesitas paz y tranquilidad, tu hijo/a no es capaz de entender lo que necesitas. Si hace ruidos, no es que sea “malo”. Es que no entiende cómo tú te sientes.
Cuando estás apurado y tu hijo/a no se viste rápidamente, no es porque esté tratando de que llegues tarde. Es porque no entiende por qué tiene que salir ahora, justo cuando está dibujando su obra maestra.
Cuando está lloviendo y quieres que tu hijo/a se ponga su impermeable y él dice “¡no!”, no es porque te desafíe. Es porque no entiende aún lo que se siente cuando se tiene la ropa mojada, o porque quiere elegir por sí mismo qué ponerse.
Los pequeños/as sufren muchas frustraciones en esta etapa. Quieren ser independientes, pero no podemos permitirles siempre que hagan lo que ellos quieran.
No sólo dicen mucho “¡no!”, sino que también escuchan muchos “¡no!”.
Los niños/as se sienten frustrados muchas veces a lo largo del día, porque los adultos les dicen “¡no!” muy a menudo. Estamos tratando de mantenerlos seguros y de enseñarles normas importantes.
Pero ellos no entienden nuestras intenciones. Sólo sienten la frustración de oír siempre “¡no!”.
Como resultado, los niños/as pequeños hacen rabietas. La frustración se acumula en ellos y no saben cómo expresarla. Su lenguaje no está lo suficientemente desarrollado para manifestar sus sentimientos.
Así es que a veces se dejan abrumar por la tristeza, el desánimo y la frustración. Y expresan esos sentimientos a través de las lágrimas, gritos, o arrojándose al suelo.
Muchos padres reconocen esta experiencia. A veces nos sentimos frustrados al no entender la intención de nuestros niños/as cuando dicen “¡no!”, y también hacemos una rabieta.
En esta situación, podemos enseñar a nuestros hijos cosas importantes, tales como la forma de manejar la frustración y expresar los sentimientos de manera constructiva.
Esta primera enseñanza de solución constructiva de conflictos es otro elemento importante en el desarrollo de tu hijo/a. Se fortalecerá tu relación y aprenderán habilidades que les durarán toda la vida.